Justificación de la elección de
este caso en concreto
Nuestras aulas se caracterizan por la
heterogeneidad de los alumnos que las conforman. Así, cada vez es
más común que nos encontremos con alumnos y alumnas que impiden el
correcto desarrollo de nuestra actividad docente. A menudo, bajo la
etiqueta de “disruptivo”, se ocultan parámetros que, o bien
están fuera de nuestro alcance modificar (familias desestructuradas
o marginales; nivel socioeconómico bajo; problemas de drogas o
alcohol en el ambiente inmediato...) o simplemente no se muestran
ante nuestros ojos (acoso escolar “oculto”). Por ello, es muy
importante detectar estos casos de acoso, para poder poner
“solución” cuanto antes desde la escuela.
El caso que nos ocupa (alumna 24), es
un caso que podría englobarse dentro del acoso como víctima
activa... Este tipo de víctimas se caracterizan por reproducir
conductas disruptivas, “agresivas” y negativas dentro del grupo
clase, normalmente como respuesta a conductas que le molestan, confundiéndose muy a menudo con agresores. Estas conductas
“antisociales”, hace que este tipo de alumnado sea rechazado por
gran parte de los compañeros.
Todo ello se une a que estas víctimas
suelen presentar niveles altos de impulsividad, además de ser
“diagnosticadas” en multitud de ocasiones como alumnos
hiperactivos dentro del propio marco escolar, lo que provoca que los propios profesores tampoco los traten adecuadamente, etiquetándolos de "malos alumnos" en el mejor de los casos.
Es de carácter imperioso que los profesionales seamos capaces de detectar este tipo de víctimas activas, para dar respuesta a un problema que, lamentablemente, cada vez se da más en nuestras aulas.
ANÁLISIS DEL CASO. Alumna 24. Víctima
ACTIVA
En el caso que nos ocupa (CASO 2), un
total de 28 alumnos de 11 años de edad de media han realizado la
prueba de recogida de información. Los resultados de la misma
muestran que, a nivel general, el clima dentro de su clase es bueno
(se sienten bien en clase, tienen amigos dentro de ella y hay
tranquilidad y orden para dar la clase), aunque sí revelan que
existen “algunos conflictos” entre compañeros de clase.
Un tercio de la clase (9 alumnos)
considera a los alumnos 12 y 19 como “amables, respetuosos y que
ayudan a los demás”.
El informe plasma también a otros
alumnos con riesgo de bullying. En este caso, se muestran tres
alumnos (alumna 24, alumno 8 y alumna 10), siendo la alumna 24 en la
que centraremos nuestra intervención, ya que los pocos testigos que
han presenciado alguna conducta de acoso en los otros dos casos nos
hace decantarnos por que pudieran tratarse de hechos aislados (no
obstante, se mantendría una “vigilancia” que pudiera activar en
caso necesario el protocolo de actuación frente al acoso, si fuera
necesario, en los otros dos casos).
ALUMNA 24
En el caso que nos ocupa, 20 compañeros
de clase se presentan como testigos de conductas de acoso contra la
alumna 24. Asimismo, la propia alumna también lo confirma, y declara
que “lo lleva muy mal”. Nos revela también que no
cuenta con ningún amigo dentro del grupo.
Los testigos, por su parte, muestran a
la alumna 24 como “poco tranquila”, que le “gusta
bastante” llamar la atención y que “discute bastante”.
Además, creen que “lleva bastante mal” este tema del
acoso. Para ellos, parece que la alumna tiene 2 amigos dentro de la
clase (recordemos que las respuestas de la alumna en cuestión
reflejaban que se sentía sola, pues no consideraba ningún amigo
dentro de su grupo-clase).
A destacar también que el 74% de los compañeros no la quieren
como compañera de pupitre.
El informe de la alumna 24 revela una
clara discrepancia entre las respuestas ofrecidas por los alumnos
“testigos” y las respuestas de la propia alumna. En ellas
destacamos que las respuestas de la alumna 24 son afirmativas en
grado sumo a todos los ítems relacionados con maltrato (“te
pegan o maltratan físicamente”, “te insultan o intimidan”,”le aíslan, rechazan...” o “te molestan por internet o móvil”),
mientras que los alumnos testigos no tienen esa impresión (por lo
menos con esa intensidad), excepto en la cuestión relativa a “le aíslan, rechazan y/o hablan mal”
(posiblemente por su condición de “activa” en la relación con
los compañeros), que muestran acuerdo.
Muy a
tener en cuenta es la parte relacionada con el acoso “a distancia”,
es decir, aquel que se produce por teléfono o redes sociales. Parece
que la alumna responde afirmativamente a este aspecto (“te
molestan por internet o móvil: muchas veces”),
mientras que los testigos no lo hacen (posiblemente porque no sean
testigos de este tipo de acoso).
INTERVENCIÓN
En
este punto, debemos dividir el tipo de intervención en varias
partes, en función de las partes implicadas.
Por un
lado, y en primera instancia, pondremos en marcha un proceso
de observación, con el fin de confirmar
estos indicios de acoso.
Realizaremos las averiguaciones oportunas, así como la recogida de
información relevante de los diferentes componentes de la comunidad
educativa que nos puedan ofrecer datos sobre la alumna y su relación
con los demás. Así, prestaremos atención a comentarios de los
profesores que le dan clase, de los cuidadores del comedor o de “los
primeros del cole” si utiliza
estos servicios.
Los
propios compañeros del aula y/o de otras aulas también nos
ofrecerán datos importantes a tener en cuenta (en nuestro caso, ya
lo hemos obtenido gracias al heteroinforme del que partimos). Podemos
preguntar, tras el análisis del informe, sobre aspectos concretos
(por ejemplo, por el tema de los “amigos” de la alumna 24, ya que
ella manifestaba que no tenía ni un solo amigo dentro del aula).
También
los padres de la alumna tienen mucho que decir en este momento. Por
los datos aportados en el informe (impulsividad, agresividad en las
respuestas...), seguramente hayan sido citados varias veces por el
profesor de la niña a lo largo del curso o de cursos anteriores. Se les informará de las actuaciones que van a
ponerse en marcha y se recogerá más información relevante (por
ejemplo, datos relacionados con el ciberacoso -si la niña cuenta con
móvil personal, las horas que pasa frente al ordenador y si éste
tiene algún tipo de bloqueo o control parental...-).
La
entrevista con la propia alumna 24 nos ofrecerá datos importantes a
tener en cuenta. Le preguntaremos sobre cuestiones específicas de
relación social (situación de “ningún amigo” dentro del aula,
y/o qué alumnos serían elegidos por ella para acompañarla) y sobre
los abusos en cuestión (tipo, incidencia, respuesta dada por la
alumna...) y nos interesaremos por la carga emocional que conlleva
estas circunstancias. La escucharemos y la tranquilizaremos,
haciéndola ver que estamos a su lado y que la vamos a ayudar para
que la situación cambie. Mostraremos nuestro apoyo y explicaremos
los pasos a seguir en su caso (que veremos más adelante).
En
caso de confirmar la situación de acoso, se
pondría en conocimiento de la dirección del centro, con el fin de
poner en marcha el “Protocolo
de Intervención de la Subdirección General de Inspección
Educativa” que incluirá
medidas urgentes y/o cautelares, que irán destinadas a garantizar la
seguridad de nuestra alumna 24. Todo ello, por tanto, dentro de un
marco de confidencialidad, discreción, sigilo y celeridad.
Asimismo,
tras la confirmación de situación de acoso, se debe comunicar a la
Fiscalía de Menores y a la Dirección de Área Territorial
correspondiente.
En
cuanto a las medidas
organizativas, los
componentes de la comunidad educativa, especialmente los profesores y
cuidadores, deben realizar una auto-evaluación de las medidas
adoptadas hasta entonces para minimizar el acoso, como por ejemplo,
los cuidados de patios y/o las vigilancias de salidas/entradas a las
aulas y cambio de las mismas. Se verán los fallos y se propondrán
mejoras.
Una
vez recabada la información que ha confirmado el caso de acoso,
procederemos a realizar una intervención
específica (sin
olvidarnos que todo el proceso de recogida de información ya es en
sí una parte más de la intervención).
Se
informará a todos los profesores integrantes del claustro la
condición de acoso, y se propondrán actuaciones en los diferentes
ámbitos escolares (en aula, en patio del recreo, en comedor...).
También se informará a otros profesionales (cuidadores del comedor,
bedel...).
Se
propondrán talleres para realizar por los profesores que deseen
(ideal que se sumasen todo el claustro) sobre resolución de
conflictos y empatía, y se tratará la importancia de tener “ojo
crítico” a la hora de reconocer acoso escolar. Se podría
recomendar la realización de algún curso como el que nos ocupa...
Con todo el
alumnado del centro, pondremos en marcha un programa de ayuda entre iguales (por
ejemplo “ALUMNO AYUDANTE”, ver
http://programaalumnoayudante.blogspot.com.es/
-blog que recoge las actividades de formación del alumno ayudante- o
http://www.orientacionandujar.es/2008/10/18/programa-de-alumnos-ayudantes-la-salle/
-página web que nos ofrece el programa y los talleres/actividades
para llevarlo a cabo). Con esto, buscamos la creación
de una red sólida de ayuda entre los propios compañeros.
Este programa se llevará a cabo en todo el centro escolar.
Para
el caso particular, y mientras se realiza la formación de estos
“alumnos ayudantes”, se modificarán algunos aspectos
relacionales de la alumna 24. Así, para minimizar esas conductas
negativas y agresiones sobre ella, se cambiará su ubicación
espacial dentro del aula, colocándole junto a alumnos que la puedan
servir de ayuda. Así, aunque ella manifestaba que no tiene amigos en
clase, parece ser que se siente bien con dos compañeros (Antonio y
Manuel). Aprovecharemos este dato y nos reuniremos con ambos alumnos
para ofrecerles el rol de ayudante de la alumna 24 (les explicaremos
la importancia de su papel de apoyo). Asimismo, hablaremos con la
alumna que aparecía en el informe con más votos positivos y la
ofreceremos otro rol de apoyo en este caso (así contaremos con una
figura femenina). Será conveniente que la alumna 24 se siente junto
a uno de estos personajes, y que los otros dos se sitúen cerca, de
manera que se produzca una “barrera humana” de apoyo, que pueda
frenar o minimizar los momentos de acoso. Si no se desea modificar el
agrupamiento inicial (la alumna manifiesta en el informe que se
siente cómoda con el compañero con el que se sienta), podremos
mantener ese tándem, colocando a los otros tres compañeros de
manera estratégica (“barrera...”).
Sería
interesante que estos tres alumnos pudieran participar en el programa
de Alumno Ayudante, para que se les formase en cómo actuar frente a
situaciones de conflicto.
Así,
estos alumnos serán encargados de acompañar a la alumna,
facilitando su “reintegración” en el grupo (recordemos que 21 de
los 28 alumnos que respondieron el cuestionario no la quería como
compañera de pupitre), realizando labores de integración y
canalizando las conductas de nuestra alumna 24.
Asimismo, para el grupo clase, se realizarán talleres de resolución de conflictos y habilidades
sociales (muy interesantes para el caso concreto que nos ocupa, pero
aprovechables y positivos por el resto de alumnos de la clase), así
como actividades de canalización de rabia y control de impulsos. Se
podrán poner en marcha en las clases de Educación Física, para
seguir trabajándolas en otras asignaturas, como Lenguaje. Este tipo
de talleres se pueden ofrecer por los propios profesores que imparten
clase dentro del centro escolar, o por agentes externos al mismo
(policía local, por ejemplo).
Asimismo,
podremos ayudarnos de herramientas tecnológicas, y promover talleres
que están instaurados en la red, como por ejemplo el programa “Tú
decides en internet”
(http://www.tudecideseninternet.es/agpd1/)
o “Pantallas amigas” (http://www.pantallasamigas.net/).
Desde
tutoría, se llevarán a cabo actividades para la reflexión y
asimilación de contenidos trabajados, así como para la organización
de concursos, realización de carteles pro-sociales para colocar por
el aula y/o pasillos, realización de debates, visionado de vídeos,
role playing... que puedan dar continuidad al trabajo realizado.
En
cuanto a los acosadores, se mantendrá una reunión con ellos, con el
fin de que cesen las conductas agresivas. Se informará a los
implicados de las consecuencias de sus actos, y se pondrá en
conocimiento de las familias las medidas disciplinarias oportunas si
no finalizan estos actos de acoso.
Con
este tipo de alumnado (ya sea el acosador activo o el pasivo
-ayudante o secuaz-), pondremos en marcha actividades de
concienciación de daño realizado y de empatía. Podremos firmar
“contratos” de compromiso de eliminación de conductas agresivas
y/o acosadoras, que se revisarán semanal o quincenalmente con
dirección.
Se
realizará un seguimiento de todas las actuaciones, necesario para
evaluar la correcta administración de las mismas.
- Con la alumna 24: Se mantendrán entrevistas periódicas (primero diarias, para posteriormente ampliar el lapso temporal -a semanales, quincenales y/o mensuales, según necesidades-) entre tutor/profesor y alumna. En ellas se le preguntará a la alumna por su estado emocional, y por los cambios ocurridos en sus relaciones escolares.
- Con los alumnos ayudantes: Se mantendrán entrevistas quincenales entre alumnos y tutor/profesor en la que nos ofrecerán información sobre los avances de la alumna 24, y sobre los problemas que plantea ser ese “apoyo” para ellos (si existen). Se trabajará con los datos aportados con el fin de mejorar ese trabajo tan importante que están haciendo.
- Con los alumnos acosadores: Se mantendrán entrevistas quincenales (si no aparecieran antes conductas agresivas por su parte) entre alumnos y equipo directivo y se revisará con ellos el contrato firmado.
- Con los profesores: Se evaluará la actuación llevada a cabo en el centro en un primer claustro, y se revisará en posteriores reuniones (de tramo/CCP/...). Con carácter mensual, se llevará a cabo una evaluación de actuaciones organizativas (entradas/salidas; patio del recreo; cambio de aula...) en función de las actividades observadas. Se recogerán propuestas de mejora y se pondrán en marcha en momentos posteriores.
Para
finalizar, sería adecuado disponer en el centro de un medio confidencial de
comunicación, en el que los alumnos se pudieran poner en contacto
con los tutores o personas adultas, y pudieran acudir a ellos para
denunciar y pedir ayuda en caso necesario: correo electrónico,
buzón, teléfono...
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